Viaje al más allá



Viaje al más allá


- ¿A dónde vamos? - Preguntó la joven. Nadie le respondió. Solo estaban ella y su vieja maleta en el asiento trasero de aquel coche conducido por nadie.
Los cristales estaban empañados y se escuchaba al motor rugiendo con fuerza para alcanzar una mayor velocidad.
Hacía mucho frío, pero olía a quemado. La chica miró su ropa sucia y llena de ceniza para después abrir su maleta en busca de ropa limpia, pero no había nada, solo se veía el brillo de unas letras doradas que decía ¨Gabriella¨ y algo de ceniza, más ceniza.
La sombra que estaba al volante no era sombra, tampoco humana o animal. Solo una presencia.
- ¿Cuándo vamos a parar? - Preguntó de nuevo. Ni siquiera sabía por qué estaba ahí, solo recordaba la vieja colcha de su cama y una vela mal puesta que cayó sobre ella, pero su madre llegó a tiempo para apagarla, ¿verdad? Cada vez recordaba menos.
De repente el coche redujo la velocidad de forma violenta mientras un sonido de metal siendo rayado llegó a sus oídos provocándole mucha dentera. A los pocos segundos se hizo el silencio.
- ¿Gabriella...? - Dijo una voz que parecía femenina.
- Mamá... ¿Mamá? - Respondió ella.
La chica sentía el peligro cada vez más cerca y el silencio había sido roto por una serie de campanillas, que sonaban acompañando a una voz masculina la cual pronunciaba una serie de palabras en latín. 
- ¿Gabriella...? - La voz sonaba algo distorsionada mientras que aquellas campanillas sonaban más rápido
- ¡Acelere, rápido! - Gritó la chica. Pero aquel conductor fantasma ya no estaba y el coche se había parado.
Una gran zarpa negra fue lo último que vio la chica antes de cerrar los ojos y comenzar a rezar.
Cuando los abrió había silencio y se encontraba en casa. Sentada frente a la mesa y rodeada de su familia, que se disponía a comer, pero nadie se percató de su presencia. La joven habló, gritó e incluso se levantó, pero nada hacía efecto. Solo podía quedarse mirando cómo  aquella familia de rostro triste comía en silencio. 
En un acto de desesperación, la chica tocó unas viejas campanillas que tenía su madre sobre una estantería y para su sorpresa, esta giró la cabeza al instante.
- ¿Gabriella...? - Dijo con miedo y los ojos vidriosos mientras el resto de familiares la miraban extrañados.
- ¡Sí mamá! ¡Soy yo, estoy aquí! - Respondió mientras lloraba.
Pero nadie más la miró, simplemente se quedó sola en aquella esquina sin comprender nada y observando a su pobre madre pálida y perpleja, como si acabase de ver un fantasma.

Comentarios

Entradas populares